14 enero 2006

Después de los vuelos, llegan los "hoteles de bajo coste"

Cuando aparecieron las compañías aéreas de bajo coste, los aeropuertos se llenaron de jóvenes mochileros con ansias de ver Europa. Eso sí, cuando llegaban a sus destinos tenían que aflojar el monedero de tela en caros hoteles y hostels que no pisaban en todo el día nada más que para dormir.

Conscientes de esto, y desarrollando -por otro lado- su lógico modelo de negocio, una de las primeras compañías que apostó por los vuelos de bajo coste (Easy Group) ha abierto en Londres y Basilea (Suiza) los primeros hoteles "baratos". El de la capital de la niebla se sitúa en un solar de Gloucester Crescent, a dos pasos de una de las arterias principales de Londres, muy transitada por los turistas. La boca del metro Gloucester Road queda a unos diez minutos andando, y los museos de la Ciencia, Historia Natural y Victoria & Albert se suceden a corta distancia.

De un antiguo hostal de 18 habitaciones han sacado 34, sólo tres de ellas con ventana, pero todas con servicio propio... aunque similar al de los aviones de la misma compañía. El precio va desde 25 libras (unos 36 euros) la noche hasta las 55 libras (80 euros), dependiendo de las fechas y la antelación de la reserva, que sólo se puede hacer a través de la web del grupo.

En definitiva, estamos ante una solución creada para un modelo de turismo ya existente: el de los jóvenes con poco dinero, muchas ganas de patearse la ciudad y que sólo quieren el hotel para descansar lo justo.

[Reflexión]
No obstante, debido a la globalización y a la cada día mayor movilidad humana, viajar está perdiendo el encanto de esas cosas que se hacen muy pocas veces en la vida, o al menos muy pocas veces al año.

Ir de compras era hace treinta o cuarenta años todo un acontecimiento. Hoy compramos y compramos sin parar, juntando navidades con rebajas, rebajas con San Valentín, etc... Con los viajes está pasando lo mismo: cada vez más congresos, reuniones, escapadas de fin de semana en las que lo último que queremos es perder el tiempo en el hotel... Viajamos mucho y lo haremos cada vez más. Cada vez preparamos la maleta con menos antelación y sentir el despegue del avión ya no nos produce cosquilleo en el estómago. Desembarcar en un aeropuerto extranjero y ver los carteles en otro idioma nos es indiferente.

Al final, ¿qué más nos dará que el retrete de nuestra habitación sea igual que el del avión que nos ha llevado a esa ciudad? Una vez tenemos los vuelos y el hotel de "calderilla", nace el "turismo de bajo coste", al que se le unirán los museos de bajo coste, los espectáculos de bajo coste, etc. Si hace treinta años nadie podía ir a la moda con cuatro duros y hoy Zara nos lo permite, por qué no iba a pasar lo mismo con el turismo. Va para largo.

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